Joker (2019) fue una película rompedora. Su mensaje sobre la salud mental va cobrando una temática social hasta que acaba por alcanzar una profunda e interesante reflexión política a la par que social. Al acabar, la audiencia interpreta estos mensajes y reflexiones y, en vez de mirar más allá, algunas personas defienden el mensaje conservador y nacionalista que aparentemente ofrece la cinta, sin pensar que el mensaje real (y no tan oculto) es todo lo contrario. Ante esta ola de seguidores de extrema derecha que ven en Joker una confirmación de que su ideología es más que correcta, Todd Phillips nos trae su secuela, una profundización en la mente enferma de su protagonista y en las consecuencias tanto de sus acciones e ideología como de las personas que lo alzan como referente. Un reflejo de la sociedad actual conservadora que acepta como líderes y como modelos ejemplares a personas que no deberían serlo, interpretando sus acciones de manera muy distinta a lo que de verdad son, alejándo...